Dice Praveen Kanaparti que se lleva muchas cosas de Madrid a su casa de Jacksonville (Florida). Entre todas, destaca la «excelente comida», nuevos e interesantes proyectos profesionales y, sobre todo, «un gran aprendizaje» que pondrá en práctica en cuanto vuelva al hospital. Este cardiólogo estadounidense es uno de los especialistas que ha formado parte del FCACC-SEC Preceptorship Program, una iniciativa firmada por las Sociedades de Cardiología de EEUU y España que ha organizado varias estancias en hospitales de nuestro país para que profesionales del otro lado del Atlántico adquieran conocimientos sobre procedimientos cardiológicos de referencia en el sistema sanitario nacional y los pongan en marcha en sus respectivas clínicas.

La historia suele ser la contraria, la del español que viaja a la meca de la innovación tecnológica para aprender las últimas novedades en su especialidad, pero este viaje contrario «es reflejo de la gran calidad del sistema y, en particular, de la Cardiología española», en palabras de José Ramón González Juanatey, presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y uno de los impulsores de la iniciativa.

Kanaparti ha pasado unas semanas en el Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid, en el servicio que dirige Fernando Arribas, «aprendiendo mucho» sobre técnicas y procedimientos «que no están disponibles en EEUU».

«Estoy muy impresionado. He asistido a la realización de una angioplastia de arteria pulmonar, algo que no se está haciendo en mi país y que quisiera desarrollar. También me gustaría importar el modelo de la unidad de hipertensión pulmonar que existe en el hospital, que es muy integrador ya que su estructura se basa en la colaboración con otras áreas, como trasplantes, neumología, enfermedades congénitas… es un modelo que mi hospital no tiene y que me gustaría implantar», asegura.

En su experiencia, el cardiólogo estadounidense también ha constatado muchas de las diferencias que separan los modelos asistenciales en Norteamérica y Europa.

«Allí, la medicina está muy cercana a las compañías de seguros, al presupuesto sanitario, es una medicina predominantemente privada, aunque tengamos servicios como Medicaid y Medicare. Eso supone que hay mucha documentación y autorización de procedimientos en el proceso de asistencia. Aquí eso no ocurre, la cobertura es universal y eso elimina mucha burocracia«, señala. También son diferentes las jornadas de trabajo -que en EEUU suelen prolongarse hasta 12 horas porque «lo que ganas depende directamente de lo que trabajas»-, continúa, así como la disponibilidad de tecnología.

«En EEUU hay más dinero. Y eso permite comprar cosas. No hay duda. Si hay un aparato más avanzado y lo quieres, lo vas a tener. Lo que percibo aquí es que, si quieres conseguirlo, tienes que esperar. No es tan rápido. Pero un mejor equipo no siempre significa una mejor atención. Hay pocas máquinas que hagan algo tan increíble, muy pocas».

En ese sentido, Kanaparti subraya que no ve discrepancias en la asistencia final que el paciente recibe a uno y otro lado del charco. «Estamos al mismo nivel. No he visto nada que sea diferente a lo que hacemos allí», añade.

La visita a Madrid, coinciden en señalar Arribas y Kanaparti, también ha sido muy útil para «intercambiar puntos de vista» sobre el futuro de la cardiología y la asistencia sanitaria en general.

«En EEUU ahora mismo hay todo un movimiento en la comunidad de cardiólogos para conseguir una utilización más inteligente de los recursos. Hace unos años, se solían pedir muchas pruebas, algunas de las cuales no aportaban mucho, eran repetitivas o redundantes, pero ahora, que la economía está en una peor situación, todo el mundo es consciente de que los recursos son limitados. Se está produciendo un mayor control y viendo en qué es más apropiado gastar. Tengo la sensación de que un movimiento similar se está produciendo aquí», señala Kanaparti.

Arribas se pronuncia en la misma línea: «Tanto desde EEUU, con una medicina poderosa, como desde el lado europeo, con una medicina más social, tenemos problemas que nos llevan al mismo sitio que es el de la eficiencia y conseguir actuaciones guiadas a producir resultados de salud a los pacientes».

«Tenemos que hacer desaparecer todo lo que no tiene valor. Y eso implica poner en marcha sistemas de control de calidad. Hay un ejemplo del que hemos hablado mucho estos días. En España, el modelo es un modelo pensado para abordar casos agudos. Sin embargo, la población envejece, la expectativa de vida es mayor, y todos tenemos ejemplos de cómo en nuestra vida la atención a esos pacientes ancianos, con deterioro cognitivo, con problemas crónicos, no es bueno. Tenemos que trabajar mucho en ese sentido», concluye Arribas.

Fuente: El Mundo. Cristina G. Lucio

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