Las vacunas y el derecho a la salud

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BEATRIZ BECERRA BASTERRECHEA

En 1803 zarpó de La Coruña la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, considerada la primera expedición sanitaria internacional y uno de los mayores hitos sanitarios de todos los tiempos. El objetivo de la expedición era acabar con uno de los mayores enemigos que por entonces tenía la humanidad: la viruela. Gracias al escritor Javier Moro, que ha narrado la épica aventura de sus protagonistas en su novela A flor de piel, este acontecimiento histórico, protagonizado por España y por algunos españoles admirables, empieza ahora a salir del ominoso olvido en el que, desgraciadamente, muchas gestas extraordinarias han quedado.

En estos tiempos en que aún hay que rebatir con el rigor de la ciencia y los datos las campañas fraudulentas y peligrosas de más de un irresponsable anti-vacunas, conviene recordar que la de la viruela fue la primera vacuna. Y que, de hecho, debemos su nombre y su descubrimiento al admirable médico rural inglés Jenner y a las vacas.

Jenner se dio cuenta de que las vaqueras que se contagiaban de la viruela vacuna,variola vaccinia en latín, luego quedaban a salvo de enfermar de la viruela común. Es decir, se hacían inmunes. Y tuvo la idea de inocular a una persona sana con la viruela de las vacas para conferirle inmunidad frente a la letal epidemia.

La viruela ha sido la primera enfermedad que el hombre ha eliminado de la faz de la Tierra. Tras ocasionar millones de muertes entre los siglos XVI y XVIII, la propagación de la vacuna fue logrando su erradicación progresiva hasta que, en 1980, la viruela se declaró oficialmente erradicada.

En nuestros días, tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como Médicos Sin Fronteras definen los paquetes de vacunación como una de las prioridades en la provisión de servicios sanitarios. Dos siglos después de la Real Expedición, estos paquetes no están llegando a todos los países que lo necesitan, y no estoy hablando sólo de los países menos desarrollados, sino también de países europeos. Esto se debe principalmente a dos motivos: el aumento de los precios de los paquetes básicos de vacunación y la falta de existencia de productos que se adapten a contextos con recursos muy limitados.

La rigidez en los precios se debe a varios rasgos definitorios del mercado farmacéutico actual, principalmente la falta de competencia, al estar controlado por un número reducido de grandes compañías, y la falta de información sobre cómo se establecen los precios en un mercado opaco. Todo ello hace que muchos países se encuentren en situación de desventaja cuando negocian con los laboratorios.

A lo largo de la pasada década, el precio de vacunar a un niño de todas las vacunas recomendadas por la OMS se ha incrementado de manera alarmante. Sólo entre 2011 y 2014 este precio aumentó un 6.700 % por la introducción de tres nuevas vacunas en el paquete: neumococo, enfermedades diarreicas y cáncer cervical. Éstas representan el 86% del precio de todo el paquete.

Me gustaría destacar el caso de la neumonía. Esta enfermedad está entre las cinco primeras causas de muerte en niños de menos de cinco años. Según la OMS, aproximadamente un millón de niños mueren al año por neumonía, a pesar de la existencia de una vacuna efectiva en contra de esta enfermedad.

Probablemente, cuando pensamos en ese millón de niños nos imaginamos que provienen de África en su mayoría. Pero no: esto está pasando también en la Unión Europea. La neumonía es responsable del 48% de las muertes de niños en Rumanía, un país de renta media donde el paquete estándar de vacunación no incluye la vacuna de la neumonía por una cuestión de coste.

Ya no necesitamos una expedición heroica como la descrita por Javier Moro: necesitamos mecanismos institucionales. Tampoco es una cuestión de filantropía, sino de política europea. Lo que sí deberíamos imitar, sin embargo, de aquella extraordinaria aventura humanitaria de hace doscientos años es la determinación filantrópica. O, lo que es lo mismo: la certeza de que los hallazgos de la ciencia y la medicina son un bien común para la humanidad, la clave para extender y garantizar el derecho universal a la salud. Con los niños siempre primero.

Beatriz Becerra Basterrechea es eurodiputada – ALDE Group

Fuente: El Mundo

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