La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de incluir el síndrome del trabajador quemado, conocido popularmente como burnout, en su Clasificación Internacional de Enfermedades. Al parecer, la opinión de los expertos ha tenido gran peso en esta decisión, que considera al burnout como problema asociado al empleo y lo define como resultado del estrés crónico en el lugar de trabajo que no ha sido gestionado adecuadamente.

Siguiendo la propia descripción de la OMS, este síndrome se desarrolla en tres dimensiones: sensación de agotamiento o cansancio extremo, desapego o negatividad hacia el propio trabajo y la reducción de la eficiencia laboral.

Según los estudios al respecto, el burnout lo padecen mayoritariamente trabajadores cuyo empleo implica relacionarse con otras personas, siendo la enfermería una de las profesiones que más lo sufre.

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