Ramón y Ana llevaban 40 años casados cuando a él le diagnosticaron un mieloma múltiple. «La primera reacción fue de pánico», explica él tres años después, ya superada la quimioterapia y el trasplante de médula que necesitó. «Yo me aislé en mí mismo y no quería hablar con nadie, ella era mi portavoz y quien se hizo cargo de todo».

Como Ramón y Ana, muchas parejas se enfrentan a diario a tener que convivir con ese incómodo ‘tercero’ de pronóstico incierto que desbarata el día a día de cualquiera. «El impacto es tal que no me extraña que en muchas parejas uno de los dos no sepa afrontarlo y acaben separándose», sentencia Ramón, que ahora tiene 79 años.

«Normalmente no prestamos tanta atención a la repercusión emocional de las parejas de los pacientes con cáncer, pero ellas también sufren por sus miedos e incertidumbres y a veces viven el proceso con mucha soledad», explica por su parte a EL MUNDO Diego Villalón, trabajador social de la Fundación Más que Ideas.

Precisamente, esta asociación sin ánimo de lucro acaba de editar el libro ‘En el amor y en el cáncer’, un proyecto financiado mediante una campaña de micromecenazgo y con la colaboración de la Fundación Cris Contra el Cáncer, que pretende convertirse en una guía útil con recursos específicos para que las parejas de los pacientes con cáncer sepan cómo convivir con la enfermedad, «apoyando a sus parejas y con un mejor control de sus propias emociones».

Como admite Fátima Castaño, psicooncóloga de Quálitas Psicología, el problema es que muchas veces el miembro sano de la pareja suele ceder el protagonismo al paciente, pero sin llegar a saber muy bien qué lugar ocupar («conviven con el paciente en paralelo y en silencio»). «Por eso es frecuente que no pidan información, aunque cuando les vemos en la consulta [de psicología] descubrimos que tienen muchos miedos sobre cómo actuar, a medio camino entre estar cerca, pero sin sobreproteger a su ser querido».

«A nosotros [el diagnóstico] nos unió mucho, pero después de leer el libro estoy seguro de que si muchas parejas tuviesen estas herramientas a su alcance para saber cómo afrontarlo no acabarían separándose», explica Ramón, cuyas revisiones siguen dando buenas noticias tres años después.

Castaño y Villalón admiten que es difícil encontrar cifras, e incluso estudios que pongan el acento en la vivencia de la enfermedad por parte de la pareja, pero sí reconocen que el cáncer pone a prueba la resistencia de muchos matrimonios. «El cáncer es un trabajo en equipo, que afecta a todo el entorno, la familia y fundamentalmente a la pareja, que es la que más de cerca sufre los cambios que se producen», explica Castaño.

Un ingrediente que puede ayudar en este trámite es el sexo. «No sólo el sexo, sino la sexualidad en sentido amplio, el contacto físico, la intimidad…», apunta Villalón. Como él mismo explica no es extraño que muchos pacientes oncológicos, por la propia enfermedad y también por los tratamientos, se sientan reacios a mantener relaciones, o que sus parejas no sepan cómo abordar la cuestión, o cuándo reiniciarlas después de una cirugía, por ejemplo.

«El sexo es algo que no siempre se aborda en la consulta con el oncólogo, a veces por pudor, o porque parece que es algo sin importancia en un momento así», apunta el trabajador social. «Pero es importante mantener una vida sexual lo más positiva posible, porque el sexo es bienestar».

En el caso de las parejas con hijos, y cuando la que pasa la enfermedad es la mujer, la psiconcóloga reconoce que se suele producir un cambio de roles y el hombre asume más funciones, más tareas compartidas que antes. Y aunque no existen estadísticas oficiales, Villalón sí admite que los psicólogos están acostumbrados a ver relaciones de pareja que finalizan por culpa del cáncer. «Esta enfermedad es una situación de crisis que nos pone a prueba a todos», apunta el responsable de Más que Ideas y coautor del libro; «todos hemos oído historias de mujeres que han sido abandonadas por parejas que no han estado a la altura».

Algunas pautas útiles para las parejas

1.- La comunicación y la confianza son claves, que ambos hablen y compartan sus sentimientos.

2.- Es necesario que el miembro sano de la pareja también sepa cuidarse de sí mismo.

3.- Que afronten juntos la enfermedad. El cáncer no es sólo cuestión del paciente, «es una cuestión de equipo«.

4.- Que se rodeen de más personas para que la pareja pueda tambiéndistanciarse de la enfermedad.

5.- El miembro sano de la familia también debe pedir ayuda si lo necesita, hablar y buscar asesoramiento si tiene dudas. También él o ella necesitará información sobre la enfermedad.

Fuente: El Mundo

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